Felix Mendelssohn compuso la Sinfonía nº 4 en La mayor, op. 90 (“Italiana”) entre 1832 y 1833 tras un “Grand Tour” que le llevó a Italia entre 1830 y 1831. Es la cuarta en su catálogo, pero la tercera en orden cronológico de composición.
De nuevo, la parte de timbales es excelente, pero volvemos a encontrar detalles que no acaban de funcionar del todo. Debemos tener en cuenta que en el manuscrito original hay hasta tres versiones diferentes para el final del primer movimiento y que existe un segundo manuscrito de 1834 con correcciones en el segundo, tercero y cuarto movimientos. En ambos podemos encontrar multitud de cortes, añadidos, tachaduras, borrados… Como ya comenté en el anterior artículo relativo a la “Escocesa”, a Mendelssohn le costaba muchísimo llegar a una versión definitiva de sus obras. Todo ello, claro, se refleja en una escritura para timbales que incluye aspectos de dudosa validez. Os vuelvo a recomendar la lectura de ESTE artículo.
Los cambios que propongo para esta sinfonía no tienen tanto que ver con el uso del material temático como con una escritura un tanto descuidada. La primera, en la frente (observad que ya hay un montón de tachones y correcciones nada más empezar):
Colocar la barra de repetición al comienzo del cuarto compás es una pésima decisión. Los números de ensayo, barras y similares se colocan en sitios que tengan un sentido musical y que coincidan con las frases. Esta lógica facilita enormemente contar compases de espera (y nosotros, como timbaleros, ¡tenemos que contar muchos!).
La barra debería estar colocada en el tercer compás, que es donde comienza la frase. Mendelssohn la escribió así, pero es una escritura ABSURDA y llama la atención que ningún editor la haya corregido para dar lógica a algo que no tiene ni pies ni cabeza. Ninguna edición ha corregido esto, ni siquiera la Bärenreiter de Hogwood ha hecho nada por subsanar un error infantil. Por supuesto, también habría que modifcar la barra de repetición al final de la exposición y colocarla un compás antes.
Me hubiera gustado mucho corregir esta chapuza en mi propia edición, pero no puedo hacerlo por una sencilla razón: ese cambio debe llevarse a cabo en TODAS las partes y en el score. Si solo yo cambio la colocación de esa barra y el director dice “vamos cuatro compases antes de la repetición”, mi entrada, y solo mi entrada, estará mal porque mi barra está en otro sitio con respecto al resto de instrumentos. De hacerse el cambio, debe llevarse acabo en TODAS las partes (y, por supuesto, en el score).
Veamos ahora algunos ejemplos del proceso de edición que he seguido. En el compás 132 tenemos un redoble continuo durante ocho compases:
Observad que ese redoble no casa mucho con el resto de lo que ocurre en la orquesta. Para que haya una lógica, he decidido doblar las partes de los vientos de esta manera:
Lo curioso del caso es que Mendelssohn vuelve a repetir este redoble en la reexposición y, esta vez sí, incluye la negra con puntillo en el cuarto compás (no así las negras de los dos últimos compases):
Como podéis ver, la escritura para dos pasajes idénticos no es homogénea. Es por eso que mi edición unifica criterios y escribe este segundo redoble igual que el primero:
Una cosa que me molesta muchísimo de la escritura para timbales es que, durante siglos, los compositores nos han ignorado y nos han tratado como si no fuéramos músicos. Odio con todas mis fuerzas que en las partes no haya ninguna indicación de fraseo, articulación, dinámica, que los ritmos no coincidan… Ved que aquí tocamos exactamente lo mismo que las trompas y las trompetas pero, mientras ellos tienen muchísima información, nosotros no tenemos nada:
Es por eso que en mi edición incluyo la información que falta y que nos permite tocar como el resto de instrumentos a los que doblamos:
En el ostinato del saltarello encontramos un pasaje muy interesante en el que los timbales tocan el ritmo de danza junto con la cuerda grave (algo muy similar a lo que ocurre con el ritmo “Amsterdam” en la 7ª de Beethoven):
Nuestra intervención es junto con los chelos y contrabajos, pero mi opinión es que, tal y como está escrito, entorpecemos la melodía. Me hubiera gustado modificarlo así, que cuadra perfectamente con lo que está pasando en la orquesta:
El problema con este pasaje es que nuestra parte está doblada y reforzada por otros instrumentos. Si editamos el ostinato, también deberíamos editarlo en la de chelos y bajos para que el efecto sea completo y coherente, pero puede ocurrir que los responsables de esas dos secciones no estén dispuestos a modificar nada. No tengo ningún reparo en editar cuando esos cambios solo afectan a la parte de timbales, pero cuando la edición involucra a otras secciones, debo tener mucho cuidado y ser más conservador. Es por eso que no he incluido la modificación del saltarello. Podría escribirla, pero para tocarla debería hablar antes con los principales de esas secciones para ponernos de acuerdo.
Esta sinfonía está plagada de este tipo de “trampas”. Si queréis saber más sobre mi edición, basta con que sigáis el score orquestal, pues mi trabajo se ha limitado a poner orden y aportar coherencia a una parte que, aunque magnífica, está llena de detalles que “ensucian” el resultado conjunto
Podéis descargar mi edición haciendo click en el botón:
Repito lo ya dicho en el artículo anterior:
Sabéis que me encanta investigar y editar, pero para ello es necesario conocimiento. Tocar simplemente lo que está escrito, sin plantearse cuestiones musicales, lo puede hacer cualquiera. Lo que no todo el mundo puede hacer es MÚSICA (que implica ir unos cuantos pasos más allá de la simple lectura) y, poniendo esfuerzo, conocimiento y pasión de nuestra parte, respetamos así más al compositor que siendo meros lectores (cosa que, por otra parte, cualquier ordenador 386 puede hacer). Recordad que lo escrito no es verdad absoluta grabada en letras de bronce: la experiencia me ha demostrado que todos somos humanos (incluidos, sí, los grandes compositores), y los descuidos, errores, malas transcripciones, fallos de imprenta y demás cuestiones mundanas aparecen por doquier en todo lo relacionado con manuscritos, pruebas y ediciones.
No tengáis miedo a tomar decisiones informadas. La música es un arte efímero que se desvanece en el tiempo. Una vez que nuestra interpretación se ha terminado, también nuestras decisiones (correctas o incorrectas) se desvanecen en él y, por suerte, nadie resulta herido por esas decisiones (¡algo que no pasaría si fuéramos cirujanos cardiacos!). Como artistas, no es nuestro deber “cebar” al público con sinsustanciadas sino, más bien, hacerlo sentir “incómodo” para retarlo y desafiarlo y, así, pensará (es por esto que los artistas son considerados peligrosos en ciertos regímenes). Rétate a ti mismo, a tus colegas y al público. De eso se trata la música.
Usad mi edición libremente (citadme en redes si lo hacéis, por favor) y haced MÚSICA. No seáis simples lectores (eso lo hace cualquiera).
Como ya dije, tengo la suerte de tocar este repertorio en mis magníficos timbales Jähne & Boruvka. Tienen el sonido, carácter y volumen perfecto para esta sinfonía.
Y tú, ¿cómo tocas la “Italiana”?, ¿cuál es tu idea respecto a Mendelssohn? Estaré encantado de saber vuestra opinión.
…et in Arcadia ego.
© David Valdés