El pasado 22 de agosto falleció Kurt-Hans Goedicke.
Tras graduarse en la Universitat der Kunste de Berlín, ocupó el cargo de timbalero durante un breve periodo de tiempo de la RTÉ Symphony Orchestra. Desde 1964 hasta su retirada en el año 2000 fue timbalero de la London Symphony Orchestra. Ejerció, además, como jefe del Departamento de Percusión de la Royal Academy of Music, donde tuve la suerte de estudiar un postgrado entre 2002 y 2004 (por entonces ya ejercía como tal Neil Percy).
Allí me dio algunas clases de timbales (mi profesor era Simon Carrington, de la London Philharmonic), clases para la LRAM (Licenciate of the Royal Academy of Music -habilitación para la enseñanza-) y también me enseñó a hacer mis propias baquetas de timbales.
Lo conocí a finales de 2001, cuando fui a hacer mi audición. Ya entonces se mostró como el caballero que era, pues al advertirle de que nunca había tocado en pedales tipo Ludwig, removió cielo y tierra para que pudiera tocar con unos Premier. No solo eso… Como mi obra para marimba requería un registro de cinco octavas, cuando llegó el turno de tocar este instrumento nos fuimos al aula 217, donde estaba la Malletech 5.0 del departamento (las audiciones se llevaban a cabo en el “percussion studio” de la planta baja).
Cuando empezó el curso no lo hice con muy buen pie… A Kurt no le gustaba que hiciera anotaciones en las partituras. Me llamó a capítulo y me dijo que eso era como colorear con números (“that is like painting with numbers!”, dijo con su fuerte acento alemán y su finísimo sarcasmo, además de un peculiar uso de la lengua inglesa). Yo obedecí y dejé de escribir en ellas, lo que hizo que me ganara su perdón.
Al finalizar el primer trimestre le pregunté si me enseñaría a hacer mis propias baquetas de timbales (de aquella no podía permitirme gastar dinerales en comprarlas, pues tenía que pagar el alquiler, la manutención, tasas…) y, de la forma más generosa, dedicó un tiempo a enseñarme. Nunca se lo podré agradecer lo suficiente, pues conseguí ahorrar mucho dinero y que cada baqueta fuera exactamente como yo quería. Desde entonces, casi todas las baquetas con las que toco las hago yo mismo en el estilo de Kurt (como sabéis, muy fuertemente inspiradas en las de Sean Hooper).
Kurt era una institución en la Royal Academy, en la LSO y allá por donde pasara; un tótem al que todos respetaban, un faro cuya luz alumbraba tanto musical como personalmente allí donde alcanzaba. Os invito a que investiguéis sobre su legado porque es, simplemente, IMPRESIONANTE.
Su personalidad musical era arrolladora: nunca dejaba notas al azar y las exprimía al máximo. Todo lo que tocaba tenía un profundo sentido. Su sonido era majestuoso, “larger than life” y de una elegancia exquisita. Trabajó con los mejores directores del mundo y atesoraba cientos de anécdotas e historias. Tenía, además, un fino sentido del humor y una inteligente ironía.
Nos preparaba primorosamente una carpeta con el repertorio para las lecciones, su caligrafía llamaba la atención, siempre vistió de manera impecable, cuidaba en extremo su apariencia y se adornaba con los perfumes más complejos.
Tuve la suerte de vivir un fin de época, pues mis años en Londres coincidieron con los dos últimos años de Kurt en esta institución y, no os lo perdáis, también con los de Leigh Howard Stevens. Puedo decir que viví un fin de ciclo en el que dos GIGANTES de la percusión (cada uno en sus respectivos campos) se retiraron cuando yo me gradué.
Suya es la idea de usar juegos de 32″, 32″, 29″ y 26″ de Ludwigs Professionals (como los de la foto). Medidas muy grandes (“oversized”) usando baquetas “cabezonas”. Durante décadas, los timbaleros del Reino Unido siguieron su ejemplo; de hecho, muchos conocéis uno de mis sets y es exactamente igual al que usaba Kurt.
Parece ser que sintió enormemente el fallecimiento de su mujer hace unos pocos años. Desgraciadamente, un par de malas caídas, de cuyas heridas no logró recuperarse, terminaron con su vida a los 90 años.
Se fue una LEYENDA.
Descanse en paz.
…et in Arcadia ego.
© David Valdés